
No te cuidas suficiente y no es tu culpa.
En todo lo relacionado con el autocuidado, la culpa está muy presente.
Se nos culpa por no cuidarnos lo suficiente pero nos sentimos culpables si lo hacemos.
La cuestión es que hay algo más profundo en esta frustración por la falta de autocuidado.
El autocuidado se aprende. Aprendemos a cuidarnos en función de cómo hemos sido cuidadas.
Construimos creencias sobre nosotras mismas y sobre el trato que merecemos en función de las experiencias vividas, especialmente en la infancia, con nuestros cuidadores de referencia.
Sobre la base de estas creencias y dinámicas aprendidas, funcionamos en cuanto a cómo nos tratamos y de qué manera nos cuidamos.
La ausencia de autocuidado se corresponde con una incapacidad por habilidades que no se pudieron aprender.
No es culpa de la persona o un rasgo de su “desastrosa” personalidad.
Es algo más profundo. Es producto de experiencias tempranas, de dinámicas sociales, de creencias transmitidas y valores introyectados.
Por tanto, el tema del autocuidado es más profundo que lo que generalmente se transmite.
No es apatía, ni dejadez, ni falta de amor propio.
Está relacionado con una herida emocional mucho más profunda.
E igual que aprendimos a abandonarnos, podemos aprender a cuidarnos y tratarnos mejor.
Mónica Serrano Muñoz
Psicóloga
www.psicologiaycrianza.com







